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Salud

Cinco recomendaciones para mejorar su relación con la comida

La alimentación emocional se considera como la propensión a comer en respuesta a las emociones. Esta sobrealimentación puede afectar la salud general debido al exceso de ingesta energética y, asimismo, la salud mental.

Pablo Merchán Montes

Según el estudio The Association of Emotional Eating with Overweight/Obesity, Depression, Anxiety/Stress, and Dietary Patterns: A Review of the Current Clinical Evidence (2023) existen interconexiones entre la alimentación emocional y el sobrepeso u obesidad, la depresión, la ansiedad o el estrés y los patrones dietéticos. Dentro de los resultados se encontró que los comportamientos alimentarios poco saludables están asociados con la alimentación emocional y que el malestar psicológico también se relaciona con un mayor riesgo de alimentación emocional.

Desarrollar una relación con los alimentos que favorezca nuestra salud no es fácil y no es algo que sucede rápidamente. La relación de una persona con la comida, como ocurre con el resto de las relaciones en la vida, es única para cada uno.

Aún así, cuando se empieza a tomar conciencia de esta relación y a considerar sus elecciones alimentarias con amor y curiosidad, es probable que la persona descubra que el acto de comer puede convertirse en una forma inesperada de cuidado personal.

Ahora bien, tal vez se ha preguntado ¿qué es una sana relación con la comida? Algunos podrían responder que es comer tranquilamente y no por impulsos, eliminar la asociación de comida con tentación o simplemente no sentirse culpable por comer algún tipo de alimento. Otros podrían responder que es poder comer sin restricción de dietas o reconocer qué nutrientes necesita el cuerpo para funcionar saludablemente.

En realidad, una relación saludable con la comida es o se caracteriza por una actitud equilibrada y positiva hacia la alimentación, donde se reconoce a la comida como fuente de nutrición y disfrute sin caer en extremos de restricción o exceso.

De hecho para algunos, tener una relación sana con la comida no es tan sencillo como parece, ni pasa de la noche a la mañana. Como todas las relaciones, se necesita de tiempo e intención para ser construida; según el Institute for Integrative Nutrition (2024) elementos como la confianza, el respeto, el apoyo, el compromiso y la buena comunicación son esenciales para que sea una relación sana.

Adicionalmente asegura que es necesario desarrollar confianza en sí mismo para elegir alimentos primarios o secundarios (aquellos que ingerimos por nuestra boca) que nutren el cuerpo, el alma y la mente de un ser humano. En otras palabras, que se ajusten a los objetivos de construir una vida de bienestar con salud multidimensional.

Brooke Lark.

Para ello la persona necesita:

Sincronizarse con su cuerpo físico.

Es pertinente escuchar lo que el cuerpo necesita para avanzar. Puede ser hidratación, descanso, estiramiento en un día sedentario o reconocer cuando es hambre real o por emoción. El hambre no se presenta como un ruido en el estómago, pero en algunas ocasiones si lo hace cómo un dolor de cabeza o una fatiga.

Ser consciente de las emociones que siente.

Lo primero que se debe tener en cuenta es aceptar las emociones y asignar un nombre a las emociones que se experimentan. Luego reconocer cuales son las más frecuentes y con qué tipo de “antojos” de comida está asociado. De esa manera se puede identificar sin juzgar las emociones y gestionarlas de una manera acertada.

Identificar el hambre real del hambre emocional.

Es fundamental identificar de dónde provienen las ganas de comer, puede que la persona tenga hambre real o simplemente busque una dosis de energía inmediata porque el cuerpo siempre estará intentando decir algo. Puede que necesite mayor energía para los procesos biológicos o tiempo para descansar y recargarse; y abordar estas elecciones desde la compasión, es parte del autocuidado que cada cuerpo necesita para permanecer sano. Fortalecer la conexión interna es una gran forma de avanzar hacia los objetivos saludables.

Hacer preguntas clave para explorar las elecciones alimentarias.

Es importante hacer preguntas difíciles, y en ocasiones, habitar en sentimientos incómodos mientras se descubre lo que hay en el interior de cada persona. Antes de elegir una comida, pueden desplegarse preguntas como: ¿qué alimentos se adaptan a mis objetivos de salud actual? ¿Cómo puedo ayudarme a elegir frecuentemente los alimentos que me favorecen? ¿cuáles son las formas en que puedo honrar mi estado emocional además de comer?. Estas preguntas ayudarán a que una persona tenga el control sobre los tipos y las cantidades de alimentos que va a elegir, en lugar de sentir que los alimentos tienen el control sobre sí mismo.

Cuestionar y reformular creencias alimentarias no examinadas.

Es necesario evaluar pensamientos como “todo o nada” o incluso creencias sobre lo bueno o lo malo que son los alimentos. No existen alimentos malos ni extremadamente saludables en la alimentación.

Esto es relevante dado que bajo esas creencias se tiende a eliminar radicalmente algunos alimentos y cuando se eliminan ciertos alimentos de manera innecesaria, no sólo se está privando de los nutrientes que aportan, sino también del placer que se puede recibir de ellos. Cuando una persona se priva del poder sensorial y de nutrientes por someterse a regímenes estrictos, puede estar reduciendo los niveles de producción de serotonina y dopamina, neurotransmisores esenciales para la felicidad y la función metabólica.

Recuerde que la comida puede nutrir el cuerpo, la mente y el alma; y que es fundamental estar confiado en saber elegir los nutrientes que necesita para tener una relación sana con la comida.

Escúchese a sí mismo como lo hace con los demás. Tenga empatía, compasión y sea abierto a lo que escucha; piense en cómo lo haría con un amigo y si necesita apoyo adicional para procesar esos sentimientos e impulsos, acuda a un profesional de la salud.

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