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Gustavo Petro

¿Para dónde va Petro?

Con tan sólo nueve meses de mandato, el presidente genera una segunda crisis de gabinete, rompe con los partidos Liberal, Conservador y la U. Busca a punta de “mermelada” captar congresistas para lograr la aprobación de sus cuestionadas reformas de salud, pensiones y laboral. De paso genera una gran zozobra política, económica y social. Análisis

Foto: Prensa Presidencia-Cristian Garavito.

Por: Hassan Nassar

Director Revista Alternativa

El martes 25 de abril no fue un buen día para el presidente Gustavo Petro. En la agenda oficial tenía programada para las 10 de la mañana la clausura del foro de la Cámara de Comercio Colombo Americana que se llevaba a cabo en el Club El Nogal en Bogotá. Cuando el presidente se disponía a ingresar al club, recibió una llamada que atendió desde su carro oficial. Fue una conversación breve y una vez finalizada le dio orden a su jefe de seguridad de regresar a Palacio.

¿Qué información recibió Petro que en la puerta de El Nogal decidió regresar a Palacio? Las palabras del expresidente Juan Manuel Santos que en ese momento intervenía en el foro y acababa de afirmar que “me extraña mucho los que dicen que el sistema de salud colombiano es de los peores del mundo. Todo lo contrario. De los mejores del mundo y espero que la reforma no lo vaya a cambiar”. Y soportó su intervención citando a la prestigiosa revista The Lancet.

Cargado de tigre, el presidente Petro le respondió unas horas después a Santos por Twitter, por donde hoy gobierna y hace sus anuncios oficiales. “Algún expresidente llegará a decir que tenemos el mejor sistema de salud del mundo… mentiroso”.

El día no podía ser peor. La cumbre de Bogotá con la asistencia de más de 12 delegaciones internacionales, se había diluido por cuenta de la controversial decisión del canciller Leyva de expulsar a Juan Guaidó que se apareció en el país sin documentos, como uno más de los miles de venezolanos que han llegado por las trochas de la frontera. Y cuando el día caía, hizo trizas la colación de gobierno y rompió cobijas con los partidos Liberal, la U y Conservador, por cuenta de la Reforma de la Salud, donde su propia terquedad y la de la hoy exministra Carolina Corcho, no fue posible lograr un consenso con la bancada de gobierno y ajustar el texto que hoy sobrevive en la Comisión Séptima de la Cámara.

El nuevo equipo del gobierno de Gustavo Petro.

Al estilo Petro

Quien no sabe gobernar en democracia, entendiendo por supuesto que hay separación de poderes, termina por radicalizarse y termina rompiendo el tablero. El mensaje es claro, o hacen lo que yo quiero y cuando yo quiera o nadie juega.

A Gustavo Petro le está pasando exactamente eso, no logró mantener una coalición de gobierno estable que le permitiera, al menos en esta primera etapa, generar consensos y armonía con los partidos políticos que decidieron acompañarlo en el Congreso para sacar sus reformas adelante.

Fruto de esto se reventó una coalición donde primaban los acuerdos burocráticos antes que los principios y las ideas. Era obvio que el Partido Conservador formaba parte de la coalición de manera transaccional, a cambio de puestos y corbatas en el Gobierno. Lo mismo podríamos decir del Partido Liberal y de la U, que durante muchos años han jugado el mismo rol y bajo los mismos preceptos y condiciones. La política como un juego transaccional de poder para sacar adelante una agenda de gobierno de la mano de los congresistas “aliados”.

Gustavo Petro había prometido cambiar justamente esa dinámica, ese era el discurso del cambio que tanto pregonó en campaña política y por el que votaron más de 11 millones de colombianos. Sin embargo, rápidamente entendió que para sacar adelante sus reformas debía someterse a un patrón de reglas ya establecidas y tenía que sentarse a hablar con los jefes de los partidos políticos, empezando por el expresidente César Gaviria, quien se convirtió en su mayor obstáculo para sacar rápidamente adelante la Reforma a la Salud, y quien ahora es visto como un objetivo a sacar por varios liberales disidentes.

Esta es la hora en que el Gobierno no ha logrado descifrar parte del acertijo y es que sus reformas no gozan de respaldo popular. Ni la Reforma a la Salud, ni la reforma Laboral, ni la reforma a las Pensiones, gozan mayoritariamente de aceptación entre la opinión pública, los gremios, los científicos, la academia, los medios y la clase política.

Petro olvida que hoy es presidente para 50 millones de colombianos y que no gobierna sólo para los 11 millones que votaron por él en segunda vuelta. Este quizás es uno de los escollos que tendrá que aprender a lo largo de su periodo y si aprende en realidad, tal vez no reciba más regaños públicos del expresidente Juan Manuel Santos pidiéndole que se modere y haga consensos.

La salida de los tres alfiles.

Sin experiencia

También hay que decirlo, la selección de nombres que hizo para conformar su primer gabinete careció de experiencia y preparación. Carteras claves como las de Salud o de Minas y Energía, por citar unos ejemplos, quedaron en manos de activistas, sin rigor técnico, sin experiencia en el manejo de lo público y sobre todo incapaces de generar consensos y acuerdos. Dos ministras que jamás se ganaron el respeto de sus respectivos sectores y menos de los partidos políticos con los que tenían que sentarse a conciliar las grandes reformas.

Pero también hay que decirlo y esto no es nuevo. Durante el mandato de Gustavo Petro cuando fue alcalde mayor de la ciudad de Bogotá, realizó 65 cambios en 19 secretarías, direcciones y empresas del Distrito en cuatro años, promediando 3.4 cambios por entidad en 48 meses, es como cambiar el gabinete completo cada 14 meses.

Algunos lo llamarán improvisación, otros dirán que no tiene gente de confianza a su alrededor que se sostenga en el tiempo, lo cierto es que así, jamás se obtiene gobernabilidad y mucho menos se genera confianza. Liderar supone saber escoger y saber delegar, una variable que no es reflejo de la administración del presidente Petro.

Al presidente le ha faltado olfato político, ese que le sobró como congresista para hacer oposición, ahora está ausente como mandatario.

Esta es la hora que nadie entiende cómo pretende sacar por la fuerza una Reforma a la Salud que generó incluso repulsión y división dentro de su propio gabinete ministerial. La salida unos meses atrás de Alejando Gaviria justamente por las críticas sopesadas y técnicas que puso sobre la mesa a esa reforma fueron dilapidadas por el activismo de la impopular y poco carismática exministra Carolina Corcho. Petro debió en ese mismo instante entender que el problema a su reforma no era la posición del exministro Gaviria, que además compartían la mayoría de colombianos, sino su propia intransigencia y falta de visión para modificar el texto del proyecto o incluso abandonar esa obtusa idea de refundar la patria.

César Gaviria, Dilian Francisca Toro y el presidente Gustavo Petro.

A la calle

El trámite de esa Reforma a la Salud en la Comisión Séptima de la Cámara de Representantes fue un verdadero desastre. El congresista del Cambio Histórico, Agmeth Escaf, mostró sus dotes de presentador de farándula y no de presidente de una comisión donde estaba en juego la salud de 50 millones de colombianos.

Escaf jugó a dilatar el debate, cortando y limitando el tiempo de intervención de quienes en la oposición querían interpelar y poner sus argumentos sobre la mesa. Un papel triste, mediocre, enmarcado mientras en simultánea la Casa de Nariño con toda su artillería buscaba afanosamente los votos individuales para que pasara la ponencia con los votos liberales y la ausencia del recinto de los conservadores para no votar el texto y así tener las mayorías.

El panorama que deja este deslucido capítulo de trámite a la Reforma la Salud es un desgaste institucional monumental. Se nota una administración perdida, frustrada y sin aliados de fondo más allá de los que logre conseguir a punta de lo que en política se conoce como “mermelada”, es decir puestos y contratos.

Petro ha entendido esta dinámica y por eso desde hace meses atrás ha convocado a la movilización en las calles para que apoyen su gobierno y sus reformas. Sabe que el experimento le ha funcionado, con micrófono en mano desde un balcón, fue la carta que le sirvió para victimizarse durante el periodo como alcalde de Bogotá, y así disimular su pésima gestión como burgomaestre.

Sin embargo, viene la parte más importante, y es determinar su verdadero talante. Si Petro es realmente un demócrata que entiende que el arte de gobernar es concertar y ejecutar, o si por el contrario terminará mostrando otra faceta, la cara que muchos creen es la real, la de un líder mesiánico con complejo de Adán que cree que su papel en la historia es refundar la patria y de no lograrlo, victimizarse e incendiar todo a su paso.

Nuevo equipo

Tener una crisis de gabinete no es nuevo, sin embargo, en todos los casos demuestra una falta de liderazgo y que el gobierno necesita un nuevo rumbo.

Es por esto que los presidentes tratan de que su primer gabinete sea sólido y perdure en el tiempo lo más posible. Los ministros no pueden ser fusibles que se cambian cada ocho meses.

Justamente por esa razón nadie se imaginaba que en ese primer gran cambio ministerial llegará con la salida de José Antonio Ocampo del Ministerio de Hacienda, o de Cecilia López de la cartera de Agricultura. Ambos con amplio prestigio, experiencia en lo público y una visión poco radicalizada de cómo deben tratarse los asuntos públicos y de gobierno. Ocampo, por ejemplo, era considerado el polo a tierra dentro del gabinete y su permanencia daba un aura de tranquilidad a los mercados internacionales. Petro decidió reemplazarlo con Ricardo Bonilla, alguien de su entraña, que fue su secretario de Hacienda durante la Bogotá Humana y conoce muy bien la visión que el presidente tiene de la economía.

Otro gran derrotado en esta primera etapa fue sin duda Alfonso Prada. En su lánguido paso por el Ministerio del Interior no fue capaz de concertar con los partidos políticos un apoyo certero a la Reforma a la Salud y dejó hundir la reforma política que el propio Gobierno había presentado. El manejo que tuvo Prada en los territorios fue triste y nadie olvidará jamás haber llamado al secuestro de policías por parte de una guardia campesina, un “cerco humanitario”.

No la tendrá fácil Luis Fernando Velasco al frente de esa cartera, pero al menos es un hombre que conoce muy bien el Congreso y la Colombia profunda.

La salida de Guillermo Reyes del Ministerio de Transporte estaba cantada no sólo por ser cuota conservadora, uno de los partidos que no comulgó con el apoyo irrestricto a la Reforma a la Salud, sino que además, la cadena de escándalos y falta de experiencia dejaron que bajo su mirada el país se quedará en época de Semana Santa sin dos de las principales aerolíneas de bajo costo operando.

Un capítulo aparte de esa primera purga ministerial lo merece Carolina Corcho. Cuánto se debe arrepentir hoy en día el presidente de no haberla sacado antes y así haber permitido unos meses atrás un debate ponderado, concertado y lejano de una reforma que se sintió ideologizada y cargada de activismo sin sentido. Corcho fue sin duda un palo en la rueda desde el primer momento, su intransigencia para interactuar con los partidos políticos, y un discurso alejado de lo técnico destrozaron desde adentro la popularidad del Gobierno y por ende del presidente.

La llegada de Guillermo Jaramillo como reemplazo en la cartera de Salud, es muy similar a la de Ricardo Bonilla al Ministerio de Hacienda, llegó alguien de la entera confianza del presidente y que previamente había trabajado con él como secretario de Salud cuando Petro fue alcalde de Bogotá. Claramente este nombramiento fue un mensaje para César Gaviria y los liberales que tienen a Jaramillo en alta estima.

El nuevo gabinete quedó así con una base sólida de lo que fue la Bogotá Humana, versión 2.0. El presidente Gustavo Petro cerró filas con varios alfiles que lo conocen, lo aprecian y están dispuestos a dar todas las batallas para protegerlo.

“Al presidente le ha faltado olfato político, ese que le sobró como congresista para hacer oposición, ahora está ausente como mandatario”

Incertidumbre

El país atraviesa un momento difícil, la economía está en franca desaceleración, los indicadores de crecimiento no son alentadores, sectores que jalonan la economía están estancados y la incertidumbre ha contagiado a la mayoría.

Se suponía que el gobierno de Gustavo Petro que navegó durante cuatro años bajo el discurso del caos y de que Colombia estaba sumida en la miseria y la corrupción iba a solucionar los problemas, al menos eso prometieron y a eso se comprometieron. Se subieron en la indignación colectiva en gran medida anhelando que la pandemia del covid-19 destrozara todo a su paso para llegar al poder como ángeles redentores.

El cambio histórico sin imaginarlo construyó su propia tragedia, generaron falsas expectativas y una narrativa fruto del desprecio por la experiencia, el estudio y el conocimiento. Desconocieron los grandes avances del pasado y se niegan a construir sobre lo construido.

No será la primera crisis que afronte el gobierno de Gustavo Petro, y dependiendo de cómo logre afrontar este desalentador panorama, el presidente saldrá fortalecido y mejor rodeado, o por el contrario muy debilitado y cada vez más radicalizado. Amanecerá y veremos.

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