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Jonas Vingegaard

Pogacar y Vingegaard, empieza la partida

En el vetusto escenario del Palacio Vecchio de Florencia, levantado por Cosimo de Medicis en el siglo XVI, los dos mejores ciclistas del momento comparecieron ante la prensa a dos días del comienzo de la carrera en la ciudad toscana.

Foto: EFE

Como si una partida de cartas se tratara, el danés Jonas Vingegaard y el esloveno Tadej Pogacar, comenzaron escondiendo sus bazas a dos días del inicio del Tour de Francia que marcará un nuevo capítulo de su ya legendaria rivalidad.

En el vetusto escenario del Palacio Vecchio de Florencia, levantado por Cosimo de Medicis en el siglo XVI, los dos mejores ciclistas del momento comparecieron ante la prensa a dos días del comienzo de la carrera en la ciudad toscana.

En el lugar que sirvió de escenario al poder de una de las familias más influyentes del Renacimiento, los dos ciclistas trataron de ocultar sus auténticas opciones.

Pogacar, que llega al Tour tras haber conseguido el Giro, negó que sea el único favorito para la competición, mientras que Vingegaard, cuya preparación se ha visto muy perturbada por la durísima caída que sufrió en la pasada Vuelta al País Vasco y que le mantuvo una semana en cuidados intensivos, aseguró que "poder tomar la salida es ya un triunfo".

Pero ambos dejaron claro que, sea como sea, mantienen una rivalidad fuerte en la carretera y no son amigos cuando se bajan de la bici.

El danés aseguró que no recibió ninguna mensaje de esloveno tras la caída y Pogacar calificó de "extraordinaria" su relación: "Nos vemos una vez al año y siempre es en julio".

Papeles cambiados

El ciclista del Visma reconoce que no sabe cómo responderá su cuerpo a tres semanas de competición, un argumento que el esloveno apoyó porque lo conoce bien, lo sufrió el año pasado y el resultado no fue bueno.

"Si hubiera sido una carrera de una semana habría tenido una gran forma, pero mi cuerpo no estaba preparado para tres", señaló el esloveno, que llegó a la edición de 2023 con una preparación marcada por una dura caída en la Lieja-Bastona-Lieja que le mantuvo varias semanas sin poder competir.

Una situación que ahora deberá afrontar Vingegaard, que quiso bajar las expectativas sobre sus opciones de victoria.

"Si me preguntas si puedo ganar, la respuesta es que no lo sé. Sin la caída habría respondido que sí, pero ahora,... Tengo esperanzas, he trabajado bien, mi nivel de forma es bueno, pero no sé cómo va a responder mi cuerpo en tres semanas", se escudó el danés.

Su discurso se asemeja al que hace un año tenía Pogacar en Bilbao, donde comenzó entonces el Tour y donde el esloveno aseguraba que su única opción era ir ganando forma a medida que pasaban las etapas.

Eso mismo espera ahora Vingegaard: "Los primeros días trataré de no descolgarme y poco a poco poder ir ganando en potencia".

Solo que, en esta edición, el Tour se pone cuesta arriba desde los primeros días.

"No creo que las primeras etapas tengan muchas diferencias, pero en la cuarta ya se verá el estado de forma de cada uno", aseguraba Pogacar, que daba así cita a su rival en las rampas del Galibier.

Una cima mítica que se ascenderá desde su vertiente menos dura, pero que obligará a los participantes a mostrar su nivel real con solo tres etapas en las piernas.

Vingegaard, que dijo que "solo el hecho de estar en el Tour es ya un triunfo", deberá aferrarse si, como señaló, su nivel no es tan elevado como parece.

El danés elaboró un discurso del sacrificio: "Puede que pasara uno de los momentos más duros de mi carrera, pero no sirve de nada quejarse, hay que trabajar para recuperarse".

Pogacar aseguró que llegar al Tour con el Giro recién conquistado no le coloca como el único favorito, pero aseguró que está en buena forma para conseguir los dos objetivos.

"Me gustan los retos. Yo ya he ganado una gran vuelta este año, pero ahora eso no cuenta. El contador está a cero", señaló.

El esloveno reveló que tras ganar el Giro tuvo covid, pero dijo que no le perturbó demasiado su preparación. Las espadas están en alto, el asfalto dictará sentencia.

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