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Remberto Burgos Remberto Burgos de la Espriella Opinión

Día de elecciones

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La organización del Estado en el cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante herramientas de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes la entendemos como democracia.

Considerada como una forma de gobierno que permite vivir en armonía. Son varias las organizaciones de los regímenes y entre estos señalamos: monárquica, dictatorial, tiranía, oligarquía. islámico, totalitario etc. Pero entre todos, por acercarnos más hacia la igualdad y oportunidad, prefiero la democracia. Nos permite decidir y elegir: es la ecuación final.

El país cumple casi 12 meses en campaña electoral. Muy pocas propuestas y casi nada en concreto. Pero tenemos que tomar una decisión: hay que votar. Es un derecho, pero también es un deber del ciudadano y hacerse en forma secreta sin ningún tipo de coacción. Debe ser libre y autónomo.

Una de las democracias más avanzadas del mundo es la Suiza. Un tercio de la población no puede votar y especialmente los discapacitados, extranjeros y presos. Esta población alcanza cerca del 37%. Llama la atención que en este grupo no puede votar quienes reciben subsidio del estado. Esto me gusta: la pureza de la decisión y se quita así el tráfico del servidor público quien utiliza estos subsidios como mecanismo de presión. Dicen que este mecanismo de coerción fue utilizado en Argentina la semana pasada por los partidarios de Massa.

Votare en Bogotá el Domingo y tengo claro quién será la persona para entregarle mi decisión. Voto por convicción, con plena confianza que no defraudara mis esperanzas y empeños. Respeto el voto disciplinado o el inteligente. Estas no son razones para decidir quien será el depositario de mi voto. Son mis principios y el respeto por la vida de los demás los que motivan mi elección.

Reviso la campaña y veo como al potencial elector lo fueron pastoreando: primero en el receptor racional, lóbulo prefrontal, para que elabore un mapa de los argumentos, pero con columnas frágiles, fáciles de derribar. El verdadero trabajo político se dirigió hacia el sistema límbico y las neuronas en espejo. Las amígdalas del lóbulo temporal crean las vías emocionales y el apego al candidato. Este es el núcleo de la decisión. Primero sentimos y luego pensamos.

Siempre ha molestado en este sistema nuestro la compra de conciencia y entregar de ñapa cualquier sutileza por la decisión. Se ha transformado en las últimas décadas, pero aún sigue vigente. Es un fenómeno extendido en las democracias y sobre todo en los países en vías de desarrollo. Se puede escribir esta sentencia: entre más pobre más compra de votos. Es un delito vergonzoso, crónico y recurrente en los procesos electorales. Se entregan beneficios para influir en la decisión del elector.

Los más vulnerables y lábiles son los pobres: aceptan la prebenda para poder comer ese día o en algunos casos para poder emborracharse en la noche. Por cierto, ¿Qué celebran?

La compra de votos es un atroz y cruel delito electoral, es sancionado por el Código Penal.

Hay recuerdos tristes de algunas elecciones, en la del 2018 fue investigada y sancionada Aida Merlano.El país conoció todo un grupo de empresarios que utilizan este camino para que sus familiares -que no merecen- alcancen los cargos, a los cuales aspiran. Vergonzoso.

Más que condenar al ciudadano debe sancionarse a quien planea y ejecuta la compra ruin de las convicciones. Mas promesas menos cumplimiento y más compra de votos. Los “gastos hormigas” son un egreso en la campaña de los candidatos. Algunos de los aspirantes a gobernador no tienen límites y sus costos alcanzan 50 mil millones de pesos. Otro tiene el respaldo público y gastan un poco menos. Pero todos gastan y es una exageración las cifras. Muchas preguntas: ¿Por qué lo hacen? . ¿Cómo recuperan lo “invertido”? Paradójico: hablan de austeridad y transparencia. Y las promesas quedan sin hechos.

La democracia alcanza su máxima interpretación el día de las elecciones. Elegimos a quienes nos parece y vemos en ello un compromiso inquebrantable. Debe ser un dia puro. Confió que las instituciones del estado, encargadas de proteger esa fecha, cumplan como colombianos el compromiso adquirido.