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¿Asesinaron las Farc a integrantes de la UP?

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¿Fue el Estado el único responsable?, si la respuesta es no, ¿quién más debe responder?”

Por: Jorge Espinosa

La historia de la guerra siempre lleva a verdades incómodas. En Colombia, el largo e interminable conflicto entre el Estado y los grupos subversivos y paramilitares ha dejado un reguero de ellas. Podemos mencionar, entre otras, las complicidades profundas de la fuerza pública con las autodefensas, las ejecuciones extrajudiciales cometidas por miembros del ejército y la financiación a grupos ilegales —que masacraron, desaparecieron y abusaron de la población civil— por parte de algunos empresarios.

Y luego está aquella de la que se ha hablado menos de lo que se debería, a pesar de los reconocimientos de verdad de las Farc en las jurisdicciones de Justicia y Paz y de la JEP: esa de la “combinación de todas las formas de lucha”, teoría que llegó de la mano del Partido Comunista para asimilarse como una doctrina al interior de todas las guerrillas colombianas, particularmente en las Farc.

La Comisión de la Verdad, en un documento que aporta elementos de contexto, cuenta que el histórico dirigente del Partido Comunista Colombiano, Gilberto Vieira, le dijo en 1988 a la periodista chilena Marta Harnecker: “la combinación de todas las formas de lucha” consistía en “aceptar la inevitabilidad de la lucha armada, pero, al mismo tiempo, participar en todas las formas de lucha”.

Es decir, explica la Comisión, aceptar las armas como medio para la toma del poder, pero sin descuidar los movimientos sociales, sindicales y el poder del voto. Es acá, tal vez, donde se encuentra el germen de la relación entre el Partido Comunista, la Unión Patriótica (UP) y las Farc. Consistía en sumar, desde distintos lugares, lo suficiente para la toma definitiva del poder.

En días recientes, Elda Neyis Mosquera, alias Karina, le dijo a magistrados del Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá que una parte fundamental de la combinación de todas las formas de lucha consistía, también, en aniquilar a los adversarios políticos, incluso si hacían parte de otros movimientos de izquierda.

En un testimonio recopilado por el periodista Melquisedec Torres de Caracol Radio, Karina cuenta que las relaciones entre las Farc, la UP y el Partido Comunista eran “una revoltura” y que el exterminio del movimiento político Esperanza, Paz y Libertad, conformado por desmovilizados de la guerrilla del EPL, tuvo un motivo escalofriante: beneficiar a los candidatos de la UP eliminando a sus adversarios en las urnas. Añade Karina que las Farc, no contentas con exterminar al EPL, también asesinaron a integrantes de la UP.

Estas declaraciones tendrán que contrastarse con pruebas, e incluso de comprobarse su veracidad, de ningún modo se trataría de una suerte de revisionismo histórico sobre la responsabilidad del Estado en el exterminio de la Unión Patriótica.

Pero sí queda una pregunta: ¿fue el Estado el único responsable?, si la respuesta es no, ¿quién más debe responder?

Sabemos, más allá de toda duda, que el quinto frente de las extintas Farc perpetró el asesinato de 34 hombres y una mujer el 23 de enero de 1994, en lo que luego se conocería como la Masacre de La Chinita, un barrio en Apartadó, en el Urabá antioqueño. Varios de los muertos pertenecían, como militantes o simpatizantes, al movimiento Esperanza, Paz y Libertad.

El colega Juan Diego Restrepo, en un reportaje en Verdad Abierta sobre aquella matanza, cuenta que “entre 1994 y 1996 se registraron 18 masacres y 763 ataques contra excombatientes del EPL, entre homicidios, atentados, desplazamientos forzados y amenazas” Véalo aquí.

El partido Unión Patriótica, después de las declaraciones de Karina, ha señalado que la exguerrillera miente. Como ocurre con los paramilitares que declararon ante Justicia y Paz y luego ante la JEP, la clave está en la contrastación. Pero en ningún caso deben ignorarse estos testimonios, por más incómodos que sean.