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JAIME E ARANGO Jaime E. Arango gobierno

Azar y hostilidad. La paz con el ELN

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Lo mismo que para cualquier fuerza irregular, el ELN con el solo hecho de que no pierda, gana. Su estrategia se basa en usar los escenarios de diálogo para socavar la legitimidad del estado colombiano, agotar a sus interlocutores y promover su relato milenarista.

Jaime Eduardo Arango. Analista y consultor. Twitter: @jaimearango9

El ELN cuenta con aproximadamente 6.000 hombres, la mitad de estos son lo que se denominan hombres en armas y la otra mitad son redes de apoyo al terrorismo, o milicias. Esta fuerza, dividida en 60 estructuras rurales y 11 estructuras urbanas, opera en 22 departamentos y 168 municipios, organizados a través de los llamados Frentes de Guerra que son 6.

No hay datos fiables sobre el tamaño y alcance de su operación en territorio venezolano, aunque se calcula que por lo menos una tercera parte de la fuerza se encuentra allí, pero es muy relevante en términos estratégicos porque para cualquier efecto convierte a la organización en una fuerza binacional. A pesar de tantos años de presencia armada el ELN sigue siendo en gran parte opaco para las agencias de inteligencia.

Negociar con el ELN es entrar en el marco estratégico de lo que ellos han denominado Guerra Popular Prolongada, la negociación es un elemento de esa guerra, una operación contra el enemigo de clase con el cual no se puede llegar a otro acuerdo diferente que su rendición incondicional.

El haber sorteado con éxito momentos críticos que han puesto a la organización al borde de la derrota militar definitiva, ha imbuido a los Elenos de una auto percepción épica y de un sentido de predestinación reforzado por su naturaleza fundacional religiosa.

Los elenos se consideran una vanguardia moral, los Cátaros de la revolución. Por lo menos los que están en la mesa de negociación, porque un comandante que explota oro ilegal en el Arco Minero en Venezuela, o vigila una ruta de cocaína en Chocó, quizá se vea de otra manera.

En este contexto la pregunta fundamental sobre las negociaciones con ELN es: ¿por qué querrían negociar? El estado colombiano carece de incentivos para lograr una desmovilización del ELN. No tiene ventaja militar, ni la tendrá en el corto plazo y, sobre todo, no tiene ventaja política. ¿Además, con cuál ELN está negociando? Quienes se reúnen bajo el pretencioso nombre de Comando Central (COCE), ¿Son Comando? ¿Son Central?

Eventos como el atentado terrorista contra la Escuela de Policía General Santander en 2019 y el reciente contra los soldados en el Catatumbo, hacen pensar que no. La primera pregunta que deben responder los negociadores del gobierno es si están frente a interlocutores que tienen autoridad real sobre toda la organización.

Deben establecer claramente, si como dicen algunos expertos, el ELN está experimentando un cisma interno. También es muy importante para la ciudadanía saber si el ELN, actuando como ejército vicario del gobierno de Venezuela, constituye una amenaza para la seguridad nacional de Colombia, incluso en el marco de un eventual acuerdo de paz.

De la Guerra, el famoso texto de Clausewitz sobre estrategia es en realidad un vasto tratado sobre el azar, plantea que el sentimiento de hostilidad es el inicio de la guerra y que la política, una vez establecido el supuesto final de un conflicto, puede dar continuidad a este sentimiento con lo cual la guerra verdaderamente no ha terminado.

En este contexto, la mesa de negociación es un episodio más de la guerra, es una batalla. Es claro que el ELN lo entiende así, pero pareciera que su contraparte en la mesa, no.