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FERNANDO CEPEDA Fernando Cepeda Ulloa mentiras

Engaños, mentiras, post-verdad

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Nada nuevo bajo el sol, una afirmación bíblica y por lo tanto milenaria. No habría otra manera de iniciar un texto sobre el papel que han jugado el engaño, las mentiras, la simulación y la disimulación en el manejo de la vida pública, o de la vida empresarial, o de la vida privada. Es que resulta muy difícil en nuestro tiempo distinguir la verdad de la desinformación o de las mentiras más protuberantes. Es muy difícil poder navegar en un mundo que ha llegado a esa situación.

Es común oír decir: es que ya no sé qué creer. Cuando pretendo tocar este tema igual consulto libros y textos recientes o algunos que podríamos denominar clásicos como, por ejemplo, el breviario que escribió para los políticos o sobre los políticos el Cardenal Mazarino, publicado varias veces. Tengo una traducción que se hizo del italiano y que cuenta con una introducción de Umberto Eco. Mazarino sucesor de Richelieu y mentor de Luis XIV.

Para no ir tan lejos en la historia, bastaría con recordar el deplorable caso del presidente Richard Nixon que no obstante haber obtenido una votación muy mayoritaria para su reelección propició comportamientos indebidos que luego tuvo que ocultar con mentiras hasta el punto de que sus mejores amigos en el Congreso tuvieron que visitarlo en la Casa Blanca para decirle que ya era insostenible su presencia como mandatario de los Estados Unidos y para ellos su defensa ante los demás congresistas porque las mentiras eran evidentes y no había cómo superarlas o contradecirlas. No le quedó otro camino que el de presentar la renuncia para evitar un juicio político que le habría sido totalmente desfavorable.

Se podría recordar el caso de los aviones de espionaje U2, que en su momento denunció la Unión Soviética. O el caso de la invasión a Cuba en Bahía Cochinos.

Y en nuestros días los asesinatos de opositores rusos. O los informes sobre financiación de campañas políticas, en Francia, Japón, etc. La lista puede ser interminable.

Esas mentiras son posibles porque hay diversas instituciones gubernamentales que las protegen como, por ejemplo, el tema de la confidencialidad o las diversas categorías de secretos que encubren comportamientos que en ocasiones están ligados a situaciones monstruosas. Ahí están los llamados papeles del Pentágono, o los papeles de Panamá o los WikiLeaks etc. Secretos hay y muchos.

Para el sistema político el tema de la desinformación, la simulación, la disimulación, el engaño tiene una gravedad enorme. Para comenzar erosionan el consenso que es la base fundamental en la relación entre gobernantes y ciudadanos.

Cómo pueden ofrecer consenso los ciudadanos cuando consideran que su gobierno les esconde la verdad o abiertamente los engaña con mentiras. Una sociedad democrática sin el fuerte consenso de los ciudadanos está muy debilitada. Y cómo pueden los ciudadanos contribuir con el pago apropiado de sus impuestos o con esfuerzos cívicos a una administración que perciben como engañosa, como que simula situaciones inexistentes.

No olvidemos que la formidable crisis de Grecia hace unos 10 años fue el resultado de un manejo sistemático de estadísticas mentirosas que finalmente llevaron a la Unión Europea a tomar medidas contundentes que obligaron a ese país a adoptar unas políticas de austeridad bajo control de la Unión Europea. Fue un escándalo.

La utilización de las mentiras por parte de altos funcionarios aún con respecto a cuestiones menores, no hablemos de asuntos de gran importancia, se va convirtiendo en una rutina con efectos letales para la confianza, que es de la esencia en la vida democrática.

La credibilidad se va evaporando y como concluye uno de los mejores expertos en el tratamiento de este tema se llega a un punto en el cual ya ni siquiera cuando un gobierno dice la verdad la gente está dispuesta a creerle.