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Felipe González Giraldo Gustavo Petro

Petro ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio

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Gustavo Petro tiene todas las características de los déspotas que tanto le fascina nombrar.

En sus inverosímiles y acostumbradas anatemas, el actual presidente de la República, Gustavo Petro, suele asemejar a ciudadanos del común, políticos o periodistas, con tiranos del pasado que cometieron atrocidades. Por supuesto, menciona dictadores de la talla de Adolf Hitler y no de Iósif Stalin, debido a consideraciones ideológicas equivocadas, pese a que ambos eran en la práctica socialistas.

¿Causa una peculiar alerta la obsesión de Petro por utilizar como insulto las características que hicieron malvados a esos hombres que la historia ha juzgado? No. Al estudiar el comportamiento del presidente, se detecta que la sorpresa es inexistente. Solo quien quiere parecerse a alguien hasta en el más nimio detalle se dedica a la tarea con asiduidad.

Sin tomar siquiera un cinco por ciento de la licencia creativa de Gustavo Petro al comparar personas, se presentan unos datos para que el lector reflexione sobre quién hoy gobierna Colombia.

Según múltiples testimonios, incluido el de Ernst Hanfstaeng, conocido como Putzi, Hitler nunca cumplía una cita a tiempo y cancelaba con regularidad en el último minuto. Tenía fama de contestar con discursos a preguntas directas que le hacían en las entrevistas. Era intolerante a la crítica, proviniera de afuera o de su círculo íntimo. Primero quiso hacerse con el poder mediante las armas; luego, más experimentado, accedió al gobierno aprovechándose de los mecanismos democráticos. Cuando se convirtió en la cabeza del ejecutivo le dio la espalda a quienes lo asistieron en su ascenso. Sus partidarios defendían sus intimidaciones verbales como mera retórica. Racista y xenófobo, repudiaba a las minorías. Como lo sabe todo el mundo, en su antisemitismo masacró seis millones de judíos. ¿Ha demostrado Gustavo Petro patrones de conducta similares a los descritos?

Se dice que Pol Pot (de nombre Saloth Sar), dictador comunista de Camboya responsable del genocidio camboyano, tuvo un sinfín de seudónimos tales como: Hay, Pouk, Phem o 99. Al parecer, expresaba la necesidad de falsificar muchos aspectos de su historial para confundir al enemigo con facilidad. A diferencia de otros movimientos marxistas en Asía, que estimaban la violencia como un mal necesario, se rumora que Pot y su séquito la glorificaban. ¿Aureliano/Comandante Andrés incita la agresión y el odio? ¿Ha mentido alguna vez sobre su vida en el M-19, sus credenciales profesionales o formación académica?

En la Gran Purga o Gran Terror, Stalin expulsó, encarceló, torturó y asesinó opositores, religiosos, campesinos “burgueses”, trabajadores de gobierno y grandes comandantes de la organización militar soviética, entre otros. Como resultado, además de la cacería de brujas, se generó un vacío enorme en todas las esferas del Estado. ¿Durante sus días de terrorista en los años ochenta, Gustavo Petro habrá torturado personas, como por ejemplo, desfigurar un capitán del ejército en Zipaquirá? ¿Son verídicos los relatos que indican que él hacía sus necesidades en hoyos en la tierra donde mantenían confinados a los secuestrados? Como mínimo, es irrefutable que la purga de los funcionarios técnicos de las entidades y de los sesenta oficiales insignia de las Fuerzas Armadas debilitó la estabilidad del Estado.

La dinastía Kim es experta en la forja del culto a la personalidad hacia sus líderes. Desde 1948, adoptaron aquel “sistema” comunista de promoción mediática para crear un halo casi divino alrededor de los gobernantes de Corea del Norte, que no admite ningún tipo de deliberación. ¿Será que en Colombia los petristas son capaces de sentarse a discutir sobre su comandante supremo sin ruborizarse cuando escuchan cosas que les disgustan?

A la vez, los Kim se deshacen de sus familiares como si fueran ropa sucia. Niegan hijos por cuestiones de interés político y social; exilian tíos por pugnas de sucesión; asesinan hermanos por supuestas colaboraciones con organismos de inteligencia extranjeros o; ejecutan esposos por aparentes rencillas matrimoniales. A lo mejor, en algún punto Kim Jong Il dijo de su hijo, Kim Jong-nam: “no lo crie, esa es la realidad”.

Los medios internacionales de la época dieron fe del proceder errático, paranoide e impredecible del genocida ugandés, Idi Amin. La cultura popular aún lo retrata como un hablador y fanfarrón impulsivo; mataba a inocentes con un machete y manejaba las relaciones diplomáticas como si fueran asuntos personales (rompió relaciones con el Reino Unido e Israel y se alió con Libia). Los portales de noticias registran que en ocasiones instruía a sus ministros a través de la radio. De haber vivido en esta década, con certeza, la red social X habría sido su canal oficial de comunicación.

En su afán de emular los autócratas del siglo XX, Petro se ha convertido en un arquetipo amalgamado que toma mucho de distintas fuentes. Sería apropiado recordarle que aquel que posee cierta naturaleza es experto en identificarla en los demás. Que no olvide los siguientes refranes: “piensa el ladrón que todos son de su condición”; “ojo de loca no se equivoca”. O en inglés: “it takes one to know one”.

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