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Cielo Rusinque libertad de prensa

La FLIP y la libertad de expresión

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Por Cielo Rusinque,Superintendente de Industria y Comercio

A propósito de las reacciones a mi comentario sobre la @flip y la libertad de expresión, en aras de aportar a un debate que si se quiere puede ser muy constructivo, quiero presentar a consideración algunas ideas:

Hace pocos días publiqué unos cuantos párrafos sobre la libertad de prensa y la conformación, estructura y mecanismos del periodismo colombiano. La respuesta de algunos columnistas, líderes de opinión y reconocidos miembros del oficio pareciera una prueba que refuerza las impresiones allí expuestas: la intolerancia visceral y automática, a toda forma de crítica y/o idea de control social por parte de cualquier agente externo al universo mediático.

Mi hipótesis en realidad, es bastante simple: así como el constitucionalismo inglés y sus teóricos (Locke, Montesquieu) descubrieron que la mejor manera de contener el poder de los gobiernos es a través del mismo poder (Check and Balances), de igual manera, al extender el campo de validez del principio, debe existir un control y un equilibrio entre los tres grandes poderes sociales: el político, el ideológico y el económico (tal cómo han sido teorizados por Norberto Bobbio).

De esta idea sencilla se desprendieron las conclusiones más absurdas.

De mi cuestionamiento a la ingenua creencia en una inmaculada concepción de la FLIP y en su incontrovertible infalibilidad, se dedujo mi peligrosidad y amenaza al derecho fundamental a la libre expresión.

Algunos llegaron incluso al exceso de insinuar, sin inmutarse, que hay una línea muy delgada entre un teclado de computador y un gatillo. Sin sonrojarse, sin sentido del contexto histórico y sin reparar en el matiz, no faltó quien agitó el espantapájaros del totalitarismo, del comunismo, de Cuba, de Venezuela y de China. Mejor dicho, solo les faltó asegurar que Petro es una suerte de Stalin, de Mao,de tirano tropical febril y extravagante y que los funcionarios del Gobierno somos una policía política. Nosotros, que somos precisamente quienes hemos sufrido y nos hemos opuesto a la feroz persecución y violencia del régimen.

Muchos de nuestros columnistas, asombrosamente, siguen creyendo en el fantasma del marxismo leninismo soviético y no han abandonado el mundo de la U.R.S.S. y de la mentalidad bipolar. Mientras tanto, el mundo ha cambiado.

Las Fake News y la manipulación calculada de las masas son una realidad. Aún cuando la irrupción de las nuevas tecnologías ha servido para romper el cerrojo de los medios tradicionales, a través justamente de medios alternativos, el peligro de un monopolio cognitivo fundado sobre la propaganda y construido con la fuerza del dinero y de la política sigue latente.

Como funcionaria y como activista no ignoro, porque lo he sufrido, las amenazas que pesan sobre aquellos que expresan y piensan distinto o se atreven a desafiar el poder. Admiro y creo en una prensa libre como pilar de una sociedad abierta y pluralista. Por eso denuncio el sistemático abuso del derecho de expresión y de la ortodoxia que sirve a implantar. Considero que una línea de acción esencial se impone, por lo tanto, a nuestras democracias: profundizar la separación de los poderes y, más precisamente, buscar que se limiten los fenómenos de conversión ilegítima de los capitales (ideológico, político, económico).

Aquellos que no se sirven del chantaje, de la mentira, de la calumnia, de la deformación de la realidad, nada tienen que temer de un gobierno democrático, que cree en la democracia y está asediado por todas las fuerzas antidemocráticas y reaccionarias del país. No vinimos a perseguir a nadie sino a crear las condiciones de posibilidad del ejercicio de una libertad real y no metafísica y abstracta. No vinimos a pontificar desde la cátedra sino a transformar el mundo con inteligencia y empatía.

De hecho, convergemos con la FLIP en la defensa del derecho de informar libremente y abogamos para que la ciudadanía acceda a información veraz y de interés general. Lo que es inaceptable es la hipocresía de quienes predican los fines y se oponen a los medios.

Como constitucionalista, tengo en mi credo el artículo 11 de la Déclaration des droits de l’homme, el artículo 19 de la Declaración universal de los derechos humanos y el 20 de nuestra Constitución política. No obstante, para que desciendan del mundo de la utopía y se conviertan en realidad, son necesarias acciones audaces y valientes, como las que se ha propuesto este gobierno. Democratizar y no silenciar el mundo mediático debería ser un objetivo de todos.

Agradezco a quienes se tomaron el tiempo de leerme hasta aquí y los invito a que si lo que leyeron y es de su gusto procedan a compartirlo.