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César Álvarez Ernesto Samper

Samper y Petro: Dios los hace y la brujería los junta

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Entre las 8.000 y 15.000 razones por las que Ernesto Samper y Gustavo Petro podrían juntarse, el expresidente y el actual mandatario optaron por la brujería.

No sé si se deba a lo oscuro de sus pasados, o a un hechizo, o si se trata del mismo mal de ojo que les impidió ver la financiación de sus campañas presidenciales, y ciertamente un futuro digno para el país.

Lo que sí se sabe es que, a través de Twitter, ambos han descrito la convención del partido político Español VOX, como un aquelarre, una palabra de origen Vasco que la Real Academia Española define como: “Junta o reunión nocturna de brujos, con la supuesta intervención del demonio ordinariamente en figura de macho cabrío, para sus prácticas mágicas o supersticiosas”.

Este tuit publicado por el expresidente Samper, y retuiteado por Gustavo Petro hace un par de días, deja en evidencia la fascinación de ambos por lo supersticioso, su desprecio por la libertad, en especial la de pensamiento, y lo delirante que es su raciocinio.

Según ambos, la convención del VOX, también fue el sitio de encuentro del manicomio del fascismo mundial, en donde el odio era el tema central. Odio a los pobres, a las mujeres, a la población LGBTI, a la paz, a los derechos humanos, y a lo público. Todo este odio, según ellos, a nombre de la escoria política de España.

Empecemos por el final.

Primero. Si el fascismo mundial, como lo aseguran Samper y Petro, profesa odio a lo público, los que están de manicomio son ellos mismos.

No hay otra ideología política que enfatice más el poder del Estado que el fascismo. El fascismo sueña con la total subordinación del individuo ante el Estado. O como olvidar el epigrama de Mussolini: “Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado."

Samper y Petro, comprensiblemente, por su locura, confunden fascismo con libertarismo, una filosofía política que aboga solo por una mínima intervención estatal en el libre mercado y en la vida privada de los ciudadanos.

Segundo. A los que Samper y Petro llaman fascistas, odian la pobreza, no a los pobres. Los convocados en Madrid sueñan con una economía robusta, independiente, y autosostenible, en la que el empleo y el crecimiento sean el corazón y el alma de sus naciones, mientras que la libertad y el orden su mente, y su visión.

Samper y Petro, irónica y secretamente, odian al pobre, y aman la pobreza—la de los demás, por supuesto. O ¿cómo interpretar que en 1994 Samper prometiera un salto social y entregara un salto al vacío, o que, en 2022, Petro prometiera esperanza y esté entregando incertidumbre?

¿Será que, en el fondo, como dicho por el mismo Petro, ambos saben que, si los pobres dejan de ser pobres, se vuelven de derecha, o según ellos, fascistas de manicomio?

Tercero. Si de odio a mujeres, y a la población LGTBI se trata, a Samper y Petro se les olvida que ellos han bebido de la pócima cocinada por Stalin en la Unión Soviética, Mao en China, Fidel en Cuba, y los Ayatolás en Irán. Una pócima cargada de odio hacia mujeres, y población LGTBI por igual.

Por último, los brujos también se embrujan. O por lo menos, la memoria de los brujos es tan buena que saben qué olvidar. O ¿cómo explicar que, en 1995, siendo presidente, Samper reglamentó los “servicios especiales de vigilancia y seguridad privada”, más conocidos como Convivir, y que Gustavo Petro formó parte del grupo terrorista que diez años antes cometió la barbarie del Palacio de Justicia?

¿Será que, como por arte de magia, se les olvidó lo del odio a la paz y los derechos humanos?

El tuit Samper-Petro estuvo lleno de negras intenciones. Si querían hechizar a los colombianos de cara al 2026, el mensaje es claro: despierten de su propio embrujo.

Colombia no come cuento. Libertarismo no es fascismo. El capitalismo es la mejor receta contra la pobreza. Igualdad y respeto son las bases de la democracia. Y las armas y el terrorismo no son, y jamás serán una forma de lucha.

Y si de aquelarres se trata, Colombia creen en los milagros, no en brujería.

Ojalá, Dios, haga uno para que los 739 días que faltan para el 31 de mayo de 2026, se pasen volando.

#LaCuentaRegresivaContinua.