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El inquilino de la Casa Blanca

La noche del martes 3 de noviembre no alcanzó para […]

El inquilino de la Casa Blanca

La noche del martes 3 de noviembre no alcanzó para conocer quién sería el presidente de Estados Unidos en los próximos cuatro años. El recuento de los votos, que podrá demorar más de lo esperado, dará el veredicto final

Por Víctor G Ricardo / Analista político, excomisionado de paz

La polémica acompañó de principio a fin las elecciones presidenciales en Estados Unidos. La presidencia —al cierre de esta edición— estaba todavía en el aire. No se sabía quién sería el inquilino de la Casa Blanca en los próximos cuatro años. Si Donald Trump lograría su reelección o Joseph Biden llegaría en representación de los demócratas a conducir las riendas de la nación más poderosa.

Lo cierto e irónicamente, es que a pesar de los adelantos de la tecnología, el ganador se va a conocer después que se haga el conteo manual del último de los más de 100 millones de votos. La clave está en los escrutinios a los sufragios que se realizaron por correo, que en esta oportunidad fue histórico por el tema de la pandemia.

A comienzos de la madrugada del miércoles 4 de noviembre, el primero en hablar fue el candidato Biden. Quien habló de la necesidad de tener paciencia y esperar el conteo de todos los votos. Acto seguido vía redes sociales, Trump señaló “nos están intentando robar la elección”. Posteriormente, señaló que “era un gran fraude, un fraude contra la nación”.

La batalla por lograr la victoria estaba concentrada en cuatro territorios: Arizona, Wisconsin, Pensilvania y Michigan. La incertidumbre ha aumentado por la demora que significa el recuento de los votos, que será lenta, sin afanes, para que no quede duda alguna que cada uno de ellos se respetó y se tuvo en cuenta en una elección marcada por la crisis originada por la pandemia del Coronavirus.

Las elecciones a la presidencia de EE.UU. han resultado ser mucho más competitivas de lo esperado y, sobre todo, de lo que venían vaticinando las encuestas durante meses. Han resultado (y están resultando), además, mucho más complejas que en contiendas anteriores. Como es sabido, los estadounidenses pueden votar básicamente de tres maneras: por correo, de manera presencial anticipadamente y en urna el día 3 de noviembre.

La pandemia ha hecho que los parámetros que tradicionalmente regían el desarrollo electoral se hayan visto enormemente trastocados, hasta el punto que unos 100 millones de norteamericanos hayan votado anticipadamente. Esta circunstancia, unida a que cada estado tiene su particular forma de llevar a cabo el conteo (unos estados cuentan primero el voto anticipado, otros el voto presencial en urna) ha resultado en una gran complejidad, exacerbada por una creciente polarización social y por las dudas sobre la legitimidad del proceso arrojadas por el propio presidente Trump. Todo ello ha hecho que el conteo esté resultando una auténtica montaña rusa, como muchos analistas han calificado.

Por tanto, la prudencia y la paciencia han guiado el seguimiento del conteo por parte de los medios de comunicación. Prudencia a la hora de anunciar un ganador. Y paciencia para conocer los resultados finales, una vez se cuenten todos los votos, porque todos los votos son importantes y todos cuentan.

Con todo, es posible, a la hora del cierre de esta edición, extraer algunas conclusiones provisionales: los analistas han acertado al señalar que no iba a ser posible conocer el ganador en la noche electoral y que quizá habrá que esperar unos días a que se terminen de contar todos los votos para conocer el resultado final.

Las opciones del presidente Trump para salir reelegido pasaban por asegurarse Florida, y lo consiguió relativamente pronto en la noche electoral, con una cómoda victoria sobre el candidato demócrata, con más de 300.000 votos de diferencia. Florida aporta 29 votos electorales, de los 270 necesarios para alcanzar la victoria final. Si las opciones de Trump pasaban obligatoriamente por Florida, las de Biden pasaban por muy diferentes combinaciones de estados, entre los que figuraba Florida, pero también Arizona, Michigan, Wisconsin, Pennsylvania, Georgia, Carolina del Norte y Ohio. Sin embargo, estas opciones se fueron poco a poco estrechando a medida que avanzaba el conteo y más estados se coloreaban con el rojo republicano.

Así, en un primer momento, la contienda se centró en los estados de Ohio y Carolina del Norte, también claves en el camino de Trump a la reelección. Ningún candidato republicano ha conseguido convertirse en presidente de EE.UU. sin una victoria en Ohio. Trump arrebató este territorio a los demócratas en 2016, tras haber votado por Obama en las dos elecciones anteriores.

En Ohio, Biden ha demostrado un desempeño muy superior al esperado y, sin duda, al conseguido por la anterior candidata demócrata Hillary Clinton. Pero no le ha sido suficiente. Carolina del Norte que había votado republicano en 2016, en principio repite en 2020, allanando el camino de Trump a la reelección. Y en principio porque, como se ha advertido, los resultados están muy igualados en este estado y deberá esperarse a que se terminen de contar todos los votos.

Lo mismo ocurre en otros estados clave, en especial Pennsylvania, Michigan y Wisconsin, que representan en su conjunto 46 votos electorales y en los que los resultados están siendo muy ajustados. Las esperanzas de Biden están en el voto por correo, que de acuerdo con los analistas la mayoría de ellos fueron en favor del candidato demócrata.

Trump ha arrasado, literalmente, en las zonas rurales del país, tal y como hiciera en 2016. Biden, por su parte, ha mejorado los resultados de su partido en los suburbios de las grandes ciudades, como Cleveland o Detroit, logrando sumar apoyos entre afroamericanos, profesionales y universitarios.

No ha habido grandes sorpresas (a la espera de lo que deparen los citados estados clave). Los estados han ido cambiando de color de manera casi vertiginosa a medida que avanzaba el conteo pero, al final (siempre a salvo de lo que ocurran en los estados mencionados) solo Arizona ha cambiado de color respecto a las elecciones de 2016.

Biden no ha logrado captar el ansiado apoyo de la comunidad latina en Florida, tal y como demuestran los resultados de Miami Dade, el más poblado del estado. En el mismo, Clinton se llevó en 2016 el 63 % de los votos, frente al 54 % de Biden, y aún así perdió el estado. Sin embargo, sí ha logrado dar la vuelta a los resultados de Arizona, con una población de origen hispano del 30 %, mayoritariamente de ascendencia mexicana, poniéndose de manifiesto, una vez más, que la comunidad latina en EE.UU. no es homogénea ni tiende a votar de manera uniforme.

En definitiva, apenas un puñado de estados concentra a partir de ahora toda la atención y serán sus resultados los que decidan quién será el próximo presidente de EE.UU. que deberá tomar las riendas de un país sumergido en una grave crisis económica y social. Por ello, y ante la transcendencia de lo que todos nos jugamos, me permito sugerir a nuestros dirigentes que tengan paciencia y esperen los resultados definitivos para formular sus mensajes de felicitación al ganador.

Ahora, viene un reto mayor. Que los resultados finales se respeten por parte de Trump, en caso que no sea reelegido y se honre de esa manera a la democracia. Los analistas temen que la polarización que hoy vive el país, solo necesita de una cerilla para encenderse una protesta social de grandes alcances y eso no se le puede permitir a un país de las dimensiones de Estados Unidos. Biden ha llamado a la cordura, a la paciencia, a la espera. Falta ver si el resultado final mantiene a los dos aspirantes tranquilos, especialmente al perdedor.

“Donald Trump denunció un fraude y señaló que llevará el conteo a la Corte Suprema. Mientras tanto Biden hizo un llamado a la paciencia y que se hiciera el escrutinio hasta el último voto”.

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