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‘Necesitamos un gobierno que apoye a la industria de la cánnabis de verdad’

Pese a los avances en leyes y decretos para esta […]

Pese a los avances en leyes y decretos para esta actividad, los empresarios siguen encontrando barreras para exportar. Santiago Mora, de Flora Growth, cuenta su experiencia.

Santiago Mora dejó su profesión en el cine para dedicarse a la industria de la cánnabis.

Por Álvaro Rodríguez Ferrero

Cofundador de Innside y creador del podcast Bosstank: ser tu propio jefe

@alvarorodriguezf

“La cánnabis ha estado entre mis pasiones desde muy joven”, comenta Santiago Mora.

Desde hace 12 años, es cultivador de la mata y en 2013 creó una empresa –Kasa Wholefoods– para sacar provecho de ella a través de alimentos y bebidas. Sus marcas Mambe y Almost Virgin son parte del portafolio de Flora Growth, firma de capital canadiense, que salió en mayo pasado a bolsa en Nasdaq y que hoy tiene más de 10.000 inversionistas.

Para Mora no hay razón alguna para que en Colombia se haya satanizado tanto esta planta, la cual –afirma– no tendría por qué ser ilegal mientras haya políticas claras para ella y se le dé un manejo responsable. “Siempre he entendido su poder y los beneficios que puede ofrecer para la salud y la sociedad. Yo creo que la agricultura es parte del cambio que necesita Colombia. Y qué mejor que una agricultura que tú vendas a dos o tres dólares el gramo o el mililitro, convertida en aceite. ¿Qué cosecha vale tres dólares el mililitro? Ninguna”.

“Por fortuna –dice– esas viejas ideas han venido cambiando y se están abriendo espacios a una industria innovadora, generadora de trabajo y sostenible”.

Por su ubicación geográfica y sus condiciones naturales, Colombia está llamada a ser potencia en el negocio y en la última década se ha desarrollado la legislación para facilitar ese propósito. Lo más reciente es la autorización para exportar la flor seca.

Sin embargo, alerta Mora, otros países nos pueden tomar ventaja porque las entidades del Estado involucradas no se ponen de acuerdo para dar el siguiente paso: facilitar todo con el fin de hacer efectiva esa legislación, de tal manera que los inversionistas puedan producir y facturar aquí. El empresario recuerda que hace cuatro años se autorizó la exportación de aceites con base en cánnabis y al día de hoy nadie ha podido hacerlo. Su temor es que ahora pueda pasar lo mismo por el “karma” burocrático.

“El doble filo es que vamos a exportar nuestra flor con el menor valor agregado posible y nos la van a devolver en todo tipo de productos”.

Alternativa: ¿Qué tan versátil y productiva es la mata de cánnabis o marihuana?

Santiago Mora: Es generosa por donde se le mire. El cultivo necesita un cuarto del agua que requiere el algodón, por ejemplo. No necesita muchos pesticidas ni fertilizantes y se puede aprovechar toda la planta: el aceite, la flor, las semillas, los tallos. Hasta se pueden producir telas, como lo estamos haciendo en Flora Growth, y con unos beneficios que no tiene el algodón.

¿Cuál es hoy el gran reto para los empresarios de la cánnabis?

La regulación en Colombia suena muy linda y la gente cree que estamos haciendo billete como locos, pero la verdad es que nadie ha exportado ni aceite ni flor porque ha sido demasiado burocrático el proceso entre las entidades del Estado involucradas: los ministerios de Salud y Justicia, el Invima, Estupefacientes, ICA. No se han puesto de acuerdo entre ellas y eso ha hecho que nos estemos perdiendo oportunidades grandes.

¿Cómo se han podido mantener si las leyes y decretos no se han hecho efectivos?

Ha sido un reto muy importante. Tuvimos que encontrar alternativas para tener facturación y utilidades con productos que fueran de cánnabis, pero que no necesariamente fueran aceite o flor seca. Avanzamos en la cadena de valor con la transformación del producto en cosméticos, alimentos, textiles y bienestar sexual. Así generamos ingresos mientras la regulación se pone al día.

¿Cuál es el potencial de Colombia con la exportaciones de flor seca?

Con todo, la cánnabis que Colombia pudiera producir hoy día, con todas las licencias que hay (más de 1.000), ya estaríamos inundando el mercado. Otro tema importante es el costo por gramo. A campo abierto puede ser de seis centavos de dólar en Colombia. En España puede llegar a 50 centavos. En Estados Unidos, a 1 dólar. En Canadá, a 1,5 dólares. Lo que estamos garantizando ahora es que la calidad de la flor, producida en forma orgánica, compita con la de 1 dólar, que se cultiva en invernaderos a puerta cerrada, con luces, con control de temperatura y humedad, lo cual es mucho más caro. Aquí lo hacemos con sol, agua y un buen manejo de microorganismos en el suelo para tener plantas saludables y que no necesiten químicos.

Para Mora la exportación de la flor de cánnabis salvará empresas, pero también tiene riesgos.

Entonces, la autorización para exportar es una buena noticia…

Es una noticia de doble filo. Es muy importante porque va a desvarar muchos proyectos que estaban con esas inversiones grandes que no tenían cómo exportar ni generar un peso de facturación, lo cual mata a las empresas. Ese es el lado bueno, si todo sale bien, porque hace cuatro años se autorizaron los aceites y nada se ha podido hacer.

¿Por qué?

Porque se puede producir el aceite, pero se debe tener un laboratorio especial, tener calidad farmacéutica y, además, el país que recibe tiene que hablar aquí con la entidad correspondiente, que todavía no está lista. Confiamos en que no sea así esta vez y que en cuatro meses se pueda exportar flor seca.

¿Dónde está el doble filo?

El doble filo es que vamos a exportar nuestra flor con el menor valor agregado posible y nos la van a devolver en todo tipo de productos después: café, jugos, cremas, lubricantes. Cualquier gringo aprovecharía el costo de seis centavos por gramo en Colombia, en lugar de producir allá a un dólar. Van a crear los productos allá y el valor agregado se va a quedar allá y no aquí.

¿Cómo surgió el renglón de alimentos y bebidas relacionado con cánnabis?

Nosotros necesitábamos facturación para poder pagar las cuentas de todo el crecimiento y la expansión. Como no había autorización para producir alimentos y bebidas con cánnabis, decidimos empezar con productos sin eso y poco a poco ir sumando los que pudiéramos. Al no poder hacerlos en Colombia, nos fuimos a Estados Unidos, al estado de la Florida, donde es permitido producirlos y comercializarlos dentro de unos límites. Abrimos contratos de maquiladores y desde hace más de dos años los estamos produciendo. Tenemos chocolates, jugos, conservas, habas horneadas y gaseosas con estos cannabinoides. La gama de productos que podemos desarrollar todavía es muy grande.

¿Colombia está listo para desarrollar todo ese tipo de productos?

Sí, pero falta que en el gobierno se pongan de acuerdo sobre cómo manejarlos y no los comparen con un ibuprofeno, como me dijo el Invima: “¿A usted para qué le gustaría tener un ibuprofeno en un jugo?”. De ese tenor son las conversaciones con el Invima. Son ridículas. Y nos tienen, después de cuatro años, produciendo afuera y dejando la plata en otro país, en vez de estar produciendo acá.

¿Cómo apareció la línea de bienestar sexual?

La abrimos uniendo dos conceptos controversiales poderosos, tabú: hablar de sexo de frente y de cánnabis de frente. Mezclamos los dos conceptos y creamos un producto precursor de orgasmos femeninos, que fuera tan natural que te lo pudieras comer, lo que evidentemente pasa en un encuentro sexual. Tenemos, entonces, un aceite sexual y un spray bucal que es interesante porque corresponde a un permiso Invima de la línea de cosméticos; como un enjuague bucal, que es cosmético, no alimento. Es uno de los pocos productos de consumo oral con cannabinoides que tiene autorización Invima.

¿Qué han hecho otros países que debería hacerse en Colombia?

Lo de Ecuador es interesante. Tiene aprobados la producción y el consumo de alimentos y bebidas con cánnabis. Lo mismo pasa en Costa Rica. Son países pequeños, pero con una visión más clara que la del Gobierno de Colombia. De pronto nos cogen ventaja. También está el ejemplo de Estados Unidos, a punto de volver federal el uso médico. Ya el 55 o 60 % de los Estados admiten usos médicos o recreacionales, y en cualquier momento el Congreso en Washington va a sacar a la cánnabis de la categoría número uno de sustancias peligrosas.

¿Usted ha pensado entrar en el área medicinal del cánnabis?

Hay un proyecto de tratamientos para epilepsia, dolor y sueño. Sería un proceso de varios años antes de conseguir los permisos, pero está en los planes.

¿Se necesita un Invima con una estructura más sólida técnicamente?

Le cuento: enviamos al Invima un dosier de jugos con todos los documentos y nos dijeron que no podían autorizarlos. Les dijimos: “Pero es que el Decreto 811 ya salió”. Y la respuesta fue: “Sí, pero es que no nos hemos puesto de acuerdo. Hable con la sala especializada en cánnabis del Ministerio de Salud”. Y uno va allá y le dicen: “Qué pena, pero es que no hemos decidido aún”. Eso no nos deja avanzar. Necesitamos un gobierno que apoye la industria de la cánnabis de verdad; que la facturación pueda llegar; que se vuelva real la historia, no carreta.

¿Esas barreras políticas o ideológicas que siempre han existido contra la marihuana siguen vigentes?

No. Esto es pura torpeza administrativa, es no ver una oportunidad en toda su dimensión. No han visto el pedazo más importante: que las empresas puedan facturar. Todo el mundo está hasta las orejas: cuatro años pagándole todos los meses al agrónomo, al biólogo, el agua, la luz… Y no entra plata.

¿Si usted fuera Ministro de Comercio, por ejemplo, qué haría?

No quedarnos con la vieja bibliografía de que la cánnabis es el demonio, y reunir un equipo de expertos y científicos en varias áreas para sacar una nueva ley o decreto que permita las dosificaciones, por ejemplo. Hay argumentación científica. Solo hay que leerla y copiarse de la que tienen Estados Unidos, Ecuador, etc., que ya saben cómo se dosifica, y abrir el mercado para aprovechar los pisos climáticos y las 12 horas de luz constante que tenemos.

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