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Biden

El caos y la desesperación crecen en la frontera norte de México

En las últimas 24 horas, grupos de migrantes, venezolanos en su mayoría, se han internado en el río que divide ambos países y, aunque las autoridades han intentado inhibir la acción, se continúan filtrando familias a lo largo del río.

Fotos: EFE/Jonathan Fernández, Jesús Rosales.

Por: Abraham Pineda

Matamoros (México) (EFE).- En el último día del Título 42, –una medida que adoptó Donald Trump (2017-2021) y después continuó el presidente Joe Biden para expulsar a migrantes con el argumento de la pandemia de la covid-19-, el caos y la desesperación crecen en la frontera norte de México, donde los migrantes han intentado cruzar de forma masiva a Estados Unidos con tácticas como arrojarse al río Bravo y armar estampidas humanas.

En la frontera entre Matamoros, Tamaulipas, y Brownsville, Texas, al sur de Estados Unidos, los migrantes se han preparado estos días para el fin del Título 42, una norma sanitaria que permite las expulsiones inmediatas de migrantes en la frontera.

En las horas previas, militares estadounidenses han instalado una concertina de seguridad, es decir, alambre de cuchillas enrollado, para evitar los cruces irregulares en la ribera del río Bravo, o río Grande en EE.UU., para contener a los migrantes.

Pero, a pesar de ello, los extranjeros siguen lanzándose al agua para alcanzar suelo estadounidense y, aunque algunos han sido retornados por el mismo caudal hacia México, otros han logrado su paso, principalmente porque traen consigo menores de edad.

En las últimas 24 horas, grupos de migrantes, venezolanos en su mayoría, se han internado en el río que divide ambos países y, aunque las autoridades han intentado inhibir la acción, se continúan filtrando familias a lo largo del río.

Esto ocurre ante la incertidumbre que ha traído la entrada en vigor del Título 8, que implica «expulsiones rápidas y masivas de los ciudadanos migrantes que incumplan la normativa estadounidense» de ingreso a ese país.

«No sabemos qué otra ley venga que nos pueda amparar a nosotros, que nos pueda dar esa seguridad que vamos a pasar hacia Estados Unidos. Entonces tomamos la decisión de arriesgarnos», declaró a EFE un venezolano que prefirió guardar el anonimato.

En el lado mexicano, los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) se apostaron en los puntos donde había flujo de migrantes, mientras militares estadounidenses colocaban la filosa alambrada para impedir su paso e, incluso, les gritaban que regresaran a México.

«SON INHUMANOS»

Con el nuevo obstáculo extendido y las fuerzas federales, hubo migrantes que no atravesaron esa barrera y volvieron por el río Bravo a Matamoros, desafiando el peligro en una zona donde ya se ha ahogado por los menos un originario de Maracaibo, Venezuela.

«Son inhumanos, nos dijeron que no se puede (cruzar) porque ya está cerrado», expresó a EFE la venezolana Karen Méndez, quien debió volver a México.

Los migrantes, desesperados, comenzaron a buscar partes donde no hubiera seguridad, ni agentes que los ahuyentaran porque su único objetivo era cruzar a Estados Unidos para solicitar su proceso de asilo en ese país.

«No tenemos información sobre los cambios. Sí tememos una detención, pero tenemos que arriesgarnos», argumentó a EFE un venezolano que dijo llamarse Alejandro.

La mayoría de los extranjeros que se introdujeron al río habían llegado en las últimas 24 horas buscando una alternativa para ser recibidos por el Gobierno de Biden, sin tomar en cuenta la aplicación «CBP One» que se habilitó para registrarlos.

HORAS CRUCIALES

Conforme pasa el tiempo y se acerca el fin del Título 42, el cruce masivo no cesa en la frontera natural entre ambas naciones.

«Quedarnos aquí no, vamos para adelante, es para allá, para atrás ni para tomar impulso. Nosotros venimos del infierno, venimos de la selva, vamos con Dios y vamos para adelante», dijo a EFE Darwin Mercado.

En un momento crítico los militares estadounidenses reclamaron a gritos a los agentes del INM por qué estaban dejando pasar a los migrantes, mientras que los mexicanos los culpaban de quitar, momentáneamente, la filosa alambrada para dar paso a grupos de migrantes.

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